18 de enero de 2010

La muerte que nos lleva a los mismos lares

Hoy les dije a mis alumnos que el teatro les puede cambiar la vida, que es posible encontrar un antes y un después en nuestra existencia.
Porque nos muestra, nos arrastra, nos empuja hasta nuestra condición más pura de mortales. Entender la contingencia no es lo mismo que sentirla, y recrearnos en la muerte puede ser profundamente espiritual.

Ella nada más, el destino

¿Y los que se quedan?... somos nosotros, por ahora.

Todo empieza y termina en muerte, roja, oscura y negra.
Muerte que viene y va. Que añora, que sueña. Homónima de mi, de mi nombre.
Muerte lenta, en agonía.
Sobre las entrañas de la vida pervive en eterna contradicción.

Sea como sea, en el momento que sea
y a la edad que sea, todos seremos víctimas del Verdugo,
todos seremos llevados a los mismos lares.

Isabel Ibáñez

1 comentarios:

José A. Pérez-Robleda dijo...

la muerte nos ronda desde le nacimiento, la vida es solo un paréntesis entre dos eternidades, el teatro, como contacto con la muerte, lo que puede hacer es conectarnos con esa eternidad previa y posterior, y cambiarnos el resto del instante que estamos existiendo.