13 de julio de 2009

Meireles



Es posible que se trate de mis sueño más enterrado. Es posible que sea un camino al despertar. Y es posible también que sólo sea la maravilla del arte llamando, como un teléfono, para que contestes, hay alguien del otro lado.


Yo estaba ahí, un poco decepcionada: y de pronto, un ruido raro, como de costumbre, en ese tipo de sitios, grabaciones con ruidos comunes y cotidianos, de esos que les gustan a los artistas contemporáneos. Pero no, los visitantes pisaban cristales. ¿Vidrio? Sí vidrio... la conciencia de la libertad en medio de aquella instalación de vidrio; una vibración, pero especialmente un despertar de nuevo a la vida. Un rescate, sí, para no olvidar quién soy, para no olvidar dónde estoy, y para no olvidar que he nacido.

Está en el MUAC. Del artista brasileno Meireles...

Una torre llena de radios, la univocidad del medio de comunicación, una torre llamada Babel que en primera instancia parecía un robot de los años 80. Nada más que radios prendidos, cada uno con una frecuencia, ahí empezó todo y después los cristales. Esos cristales que rompen bajo mis pues, y las puertas, y los obstáculos.

Más obras, y en mi mente: los cristales, azules. Olvidé el cuarto rojo, gente esperando, ni por el arte estoy dispuesta a esperar. Pero el destino preparó mi sorpresa: yo no esperé y los demás sí, los cristales estuvieron para mi sola un tiempo, nada más que cristales bajo mis pies. Un chico comienza a caminar por ellos y se ensaña contra uno... Demasiado reprimidos estamos siempre. Yo me llevé uno conmigo y ahora lo veo y me gusta haber cumplido con el espíritu de los espontáneo. Me gusta que sea cierto, me gusta haber visto lo demás y me gustaron los cristales.

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