Empiezo a temer la época de lluvias, el tráfico, mojarme, tener que lavar el coche todos los días, o mejor dicho, tener el coche sucio todos los días. Lo peor de mi coche es que no le sirve un faro y cada vez que se lo arreglo se vuelve a fundir, tiene un problema eléctrico. Además, ya no le sirven las direccionales, ni las intermitentes, cosa que en la ciudad de México no es un problema porque si las pones te va peor, es decir, nadie te deja pasar. En cambio, echar lámina es el mejor remedio para el conductor desesperado. Yo siempre he odiado que no me dejen pasar. ¿Qué acaso no es lógico?? Si dejamos pasar todos pasaremos algún día, si no, se hace un embotellamiento de miedo. Pero, cuando llevas dos horas en el coche metido, el radio ya te desesperó y se le acabó la pila al ipod, juras por todos los cielos que nadie se meterá contigo y si tu coche trajera cañones seguro lanzarías más de uno.
Hace poco, fui por un amigo a la delegación, resultó que lo detuvieron por una reverenda tontería: cruzó la calle y se metió en el carril del metrobús. De acuerdo, es peligroso, pero los tiras lo detuvieron y cuando llegué por el estaba tras las rejas, TRAS LAS REJAS!! Por pasarse por el carril del metrobús caminando, CAMINANDO. Una multa ya se me hubiera hecho mucho. Pero claro, mi cuate no soltó ni un centavo. El punto es que para llegar hasta la delegación Cuauhtémoc desde la Condesa hice como tres horas, TRES HORAS. En definitiva, mi amigo no estuvo en una cárcel peor que la mía.
Se preguntarán porque hablo de las lluvias y me desvío hacia el caos vehicular citadino. La razón es simple: en la ciudad de México son la misma cosa.
Sé que a nadie debe importarle mi percepción sobre el tráfico o las lluvias, pero como verán no tengo lectores (así que no sé a quién le hablo en este momento), en casi ninguna entrada hay comentarios. Dirán que qué más da. Seamos sinceros a todos nos gustaría tener un poco de fama, aunque sea en internet, que en realidad no es mucho decir. Y me pregunto entonces cómo se hace famoso un blog. En mi trabajo hay una chica que parece ser una bloguera famosa. De hecho, sus entradas siempre tienen como 70 comentarios, sin exagerar. Son tantos que ya hasta flojera me da verlos. No crean que ella escribe cosas más interesantes que las mías, lo que pasa es que este espacio es de hueva, tengo que aceptarlo. Pongo mis poemas favoritos, eso seguramente lo seguiré haciendo porque es casi un archivo para mi. Y entradas un poco naive. Ni modo hay que aceptarlo...
Por cierto, me gusta que mi título no tenga casi nada que ver con las cosas que he escrito aquí...

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